Conciliación, que bonito nombre tienes…

    El auténtico unicornio dorado de las políticas laborales es, sin lugar a debate, la conciliación. Una teoría, más propia de la literatura fantástica que del tejido empresarial, y que estos días llama a nuestra puerta con la acuciante necesidad del que se muere de sed.

    16/09/2020.
    Maria Jesus Gomez

    Maria Jesus Gomez

    Dice la Rae que conciliar es la Conveniencia o semejanza de una cosa con otra, pero no nos engañemos, las opciones de conciliación que nos ofrece la actual realidad, en la mayoría de los casos, no cubren las necesidades de las personas trabajadoras, las pone en el punto de mira del empresario y, con frecuencia, se consiguen en los juzgados.

    Como madre preocupada, y ocupada, me planteo qué haremos con los niños los días que, por imposición política, les toque quedarse en casa, no haya aula matinal, no haya comedor ni actividades extraescolares, y no sé qué responderme. Los más afortunados cruzarán los dedos para que los abuelos no caigan enfermos y para que los peques no les lleven el temido regalo en forma de pandemia. Los demás, legalmente, solo podemos reducir nuestra jornada, pedir una excedencia o una adaptación de la jornada laboral, apelando siempre a la comprensión del empresario y asumiendo un importante costo profesional y económico. También tenemos la trampa del teletrabajo, que no es, ni mucho menos la suerte de infortunios actual , en la que uno de los progenitores intenta realizar su trabajo mientras los menores le escalan, demandan comida o piden ayuda para las tareas escolares.

    Aun así siempre hay quien lo tiene más complicado. Pongamos por caso las familias con un solo progenitor. Aquí no hay arreglos logísticos posibles, y las cuentas económicas son las que son, con lo que se descarta cualquier tipo de reducción salarial. Si a eso le sumamos que en un gran porcentaje el progenitor es mujer nos damos de bruces con las estadísticas sobre la pobreza en España. Desde CCOO llevamos años denunciando que la pobreza tiene rostro de mujer. De hecho, uno de nuestros mayores temores, que se hacer real en los últimos datos del paro, es que sean ellas, las mujeres, las que paguen el costo laboral de la pandemia.

    Nos preocupa ampliamente la falta de perspectiva política y empresarial que elimina a las personas trabajadoras de su condición humana y los convierte en meros productores. Dejan de ser madres, hijos, parejas y de tener cargas familiares. Analicemos esta palabra porque tiene miga, desde hace unos años hemos dado en llamar “cargas familiares” a la obligación que, como sociedad, tenemos de cuidar a aquellas personas más vulnerables, a las que más deberíamos proteger.

    Hay que recordar que una de las razones del nacimiento del sindicalismo fue asegurar derechos sociales como pensiones, paro, o permisos por nacimiento. Quizá, lo mismo que otras rupturas sociales a lo largo de la historia, los efectos colaterales del COVID-19 sirvan para replantearnos el modelo de cuidados hacia nuestros menores, mayores y dependientes, entendiéndolos como una parte fundamental de la sociedad, generen, o no, beneficios económicos. Por todo ello CCOO exige, tanto al estado como a la Comunidad Autónoma, que diseñen planes de ayuda a la conciliación realistas y que se adapten a las necesidades de las personas trabajadoras y no meras ayudas económicas que, en el mejor de los casos son insuficientes y, en el peor, caridad a la que solo acceden personas en situaciones de extrema necesidad, que por otro lado, no son tolerables en una sociedad como la nuestra.

    No es política de CCOO el revanchismo o el “te lo dije”, pero hace años que desde este sindicato se están reclamando ratios más bajas en los centros escolares, guarderías públicas, centros de día para dependientes y en general, una mayor atención a las necesidades de la sociedad. Estamos convencidos de que todo el dinero que se emplee en el bienestar social revertirá en la calidad del trabajo realizado lo que satisfaría a patronal y personas trabajadoras. Una sociedad justa es una sociedad en la que todos sus miembros tienen sus necesidades cubiertas y eso pasa por CONCICILIAR.

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